BITÁCORA DE UN NÁUFRAGO INDIGNADO



Desde una isla casi desierta, un Robinson en el océano de la globalización. Atento/conectado/indignado veo pasar el mundo nada indiferente. Una verbena, un gran guiñol, un despropósito… Mas no puedo huir del sinsentido; estoy enganchado al destino de los demasiado humanos. Estoy condenado a pensar el mundo y verterlo en palabras y lanzarlo al mar en botellas de ceros y unos.



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martes, 24 de diciembre de 2013

DOS VUELOS QUE CAMBIARON ESPAÑA



                           LA SEGUNDA BARRERA


Vi aquella película que mi padre me había recomendado con especial interés. Había cumplido quince años ese mismo día y fue como un rito de iniciación. Tras verla me hice mayor, quizá porque tomé conciencia del país donde vivía... Precisamente ese 20 de diciembre del 2028, un año después de que me viniera la regla a la par que el invierno. Porque yo nací ese mismo día del 2013, cuando cambió la Historia de España. Dicen que fue un traumático viraje que, sin embargo, mis padres celebraban cada año, como un complemento de mi cumpleaños. Yo no comprendía nada, porque en el cole y en los libros aquella fecha se recordaba como fatídica, el "día de furia que ensangrentó la democracia española"; pero mamá me había empezado a comentar que no hiciera caso, que aquella fue una jornada grande y liberadora. 

El polémico largometraje de Jorge Monteagudo, La segunda barrera (2023), mostraba con tono documental el contexto de crisis extrema que vivía el país en 2013: el desmontaje del Estado de Bienestar, los continuados abusos de la clase dirigente, la fraudulenta colonización de las instituciones, la corrupción sistémica... y el hartazgo creciente de la gente. Después el protagonismo pasaba al Grupo de Liberación Ciudadana, integrado por concienciados jóvenes que habían perdido el miedo. Eran gente intelectualmente solvente (de "la generación más preparada de nuestra Historia"), nada de activistas desesperados, aunque estaban más que hartos de la situación sociopolítica. Pasaron a la acción y lo hicieron planificando con escrupuloso rigor una cadena de atentados que superó la hazaña de Carrero Blanco, glosada por otra película titulada Operación ogro. Las acciones se concentraron precisamente el 20 de diciembre de 2013, justo cuarenta años después del célebre vuelo del Almirante destinado a perpetuar la dictadura de Franco. En el comunicado que sucedió a los atentados se aludía precisamente a este paralelismo ("la primera barrera"), refiriéndose a la actual democracia como franquismo camuflado que estaba aterrorizando igualmente a los ciudadanos: <<Rechazamos en principio la violencia, pero es el Gobierno, en connivencia con la Troika, quien ha empezado esta guerra contra los ciudadanos y ahora solo nos queda defendernos ante la irreversible perversión de los mecanismos democráticos>>. Acostumbrada a los efectos 3D de las pelis americanas, a esta le faltaba espectacularidad, estaba hecha con ese toque artesanal español que aquí tenía cierto encanto, pues los acontecimientos eran presentados con garra y los personajes resultaban muy auténticos. No tardabas en conectar, de hecho, con aquellos protagonistas que luego fueron calificados de sanguinarios terroristas a la vez que despreciabas a la fauna política que combatían... Daba la impresión de que el argumento lo habían escrito previamente los del GLC, porque sus acciones fueron diseñadas como si de un elaborado guion se tratase. Los asesinatos selectivos de dos presidentes de entidades bancarias imputados pero nunca condenados y del Presidente del Consejo del Poder Judicial culminarían, ese mismo mediodía, con la espectacular explosión en pleno Consejo de Ministros. Murieron todos los miembros del gabinete excepto el Ministro de Justicia, quien, sobre la misma mesa ovalada que albergó la camuflada bomba, había depositado para su aprobación una contrarreforma de la Ley del Aborto que estaba encoraginando a todos sectores progresistas. Con esa deflagración del que fuera llamado "viernes sangriento" acababa el filme, los créditos cayendo sobre esa nube de de la Moncloa que auguraba un futuro incierto. 

Aquellas imágenes me habían activado. Busqué información en Internet. Los programas oficiales hablaban de indignación, rabia y condenas al terrorismo, aunque apenas hubo manifestaciones populares de condena (incluso se había corrido el rumor de que las acciones habían sido sufragadas por un oculto crowdfunding ciudadano...). Esto me sorprendió, porque yo soy pacifista y creo, como Gandhi y Mandela, que la violencia solo engendra violencia; pero más me sorprendió que a partir de aquel 20 de diciembre el país empezara a cambiar. Las elecciones convocadas seguidamente otorgaron el poder a una coalición de izquierda alternativa y se inició un proceso de regeneración democrática con el forzado relevo de Juan Carlos I. Fue entonces cuando el GLC se disolvió (<<Hemos cumplido de momento nuestra misión, pero estaremos alerta>>) y sus integrantes jamás fueron localizados (insinuaban ciertos medios que habían sido amnistiados...). Mis padres dijeron que todo había cambiado porque, por vez primera en mucho tiempo, el miedo había cambiado de bando y afectaba a los que habían estado aterrorizando de siempre a la ciudadanía. Mejoraron las condiciones de trabajo, el comportamiento de los bancos y también los políticos, que dejaron de ser una casta privilegiada gracias a leyes muy restrictivas. Mis viejos comentaban que aquella acción del GLC -ellos preferían llamarla "el vuelo de la gaviota"- había sido celebrada en silencio por muchos, como en los tiempos de Carrero. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

UN PAÍS EXCEPCIONAL



Vivimos en un país excepcional; en el peor sentido de la palabra. España es una excepción entre los grandes países desarrollados europeos. Desde comienzos del siglo XIX hasta el último cuarto del XX, mientras los demás progresaban nosotros encadenábamos guerras civiles, asonadas militares, dictaduras, democracias oligárquicas y violencia sistémica. Fuimos, junto con Portugal y Grecia, los grandes sacrificados en el nuevo orden de la Guerra Fría, permitiendo aquí los vencedores la pervivencia de un régimen fascista por miedo al comunismo. Y esa pesadilla franquista duró cuarenta años. La idealizada Transición trajo la democracia, pero a través de un Rey designado por el genocida Franco (¿se imaginan a Hitler invistiendo a un monarca?) que propició un régimen donde todo cambiaba para que no cambiara nada, manteniéndose los poderes tradicionales. La Santa Transición nos hizo creer que era posible pasar sin traumas de la premodernidad franquista a la posmodernidad almodovariana. Felipe González nos vendió el sueño del Estado de bienestar permanente, de Europa como madre nutricia y Aznar el del capitalismo popular (todos seremos ricos…). Hasta que la crisis de 2008 nos bajó a tierra. Spain is diferent. Y los problemas vienen, en buena medida, de esos orígenes viciados del actual régimen: se amnistió a los genocidas fascistas (único país que ha perpetrado algo similar), se decretó el olvido de los muertos republicanos, se impuso una monarquía de dudosa legitimidad… Todo para garantizar el orden, la paz y la estabilidad que se han convertido en la coartada para el dominio de una privilegiada clase política que ejerce su poder desde los partidos dominantes. Hoy los controles democráticos están supervisados por esa casta senatorial: apenas existe división de poderes, el Congreso está narcotizado por la mayoría gobernante, el Senado es un cementerio para venerables elefantes, la transparencia es pura retórica, el Tribunal de Cuentas fiscaliza con calculado retraso para que expiren los potenciales delitos del PPOE, la fiscalía general y buena parte de la judicatura son una sucursal del gobierno, como los institutos demoscópicos, la radio y televisión públicas… Una futura ley antidemocrática blindará a los políticos del acoso del pueblo airado, como lo hacen ya los medios en un país donde el periodismo libre es marginal y abundan paniaguados, tertulianos teledirigidos, turiferarios e intoxicadores varios.

La alianza entre poder político y financiero avanza en toda Europa, pero en España es una misma cosa; de ahí las puertas giratorias por las que transitan políticos que luego son directivos de grandes empresas o viciversa. Esta obscena entente lo invade y pervierte todo, por eso el libre mercado es aquí una entelequia… Somos el único gran país europeo donde pervive una remozada versión del régimen señorial: reparto de beneficios con doble vía entre la casta política y la financiera del que los EREs andaluces y la financiación irregular del PP son los postreros episodios. Eso explica que aquí importen más las rentables (para ellos) y ruinosas (para nosotros) megainfraestructuras que conformar un tejido industrial conscientemente desmantelado. Contamos con la red de alta velocidad más extensa del mundo que conecta ciudades desindustrializadas, tenemos una pormenorizada red de endogámicas universidades sin excelencia para fabricar titulados emigrantes, disponemos de auditorios y museos de arte contemporáneo firmados por arquitectos estrella cuando no hay ya presupuesto para eventos ni mercado para el arte… Somos una excepción porque nunca hemos sido capaces de llegar a pactos para los asuntos de estado: la educación está al albur de los caprichos ideológicos del gobierno de turno, lo mismo que la política exterior o las relaciones con las comunidades autónomas. A estas alturas no tenemos claro nuestro modelo de Estado, tensado por los nacionalismos español y periféricos, ni sabemos qué patrón económico seguir, por eso improvisamos con pelotazos (Eurocasinos, la última ocurrencia) mientras se jibariza la investigación y se menosprecia la educación, únicas garantías de futuro.

La cultura también sobrevive en estado de excepción. Tras utilizarla como escaparate subvencionado más que como industria y fuente de riqueza, ahora se desmantela sin remisión en buena medida por prejuicios ideológicos (“esos rojos…”). Nuestro miope gobierno no entiende que el entertainment es una de las primeras aportaciones al PIB estadounidense o que la Comisión europea apoya este sector por ser uno de los de mayor proyección económica. También somos excepcionales, con Italia, por el protagonismo que adquiere la Iglesia en un estado supuestamente laico donde, además, el peso de la práctica católica es más bien discreto. Esta complicidad entre el gobierno y sus señoritos explica que seamos la única nación de nuestro entorno en el que avanzan las “milagrosas” privatizaciones de empresas públicas que no mejoran el servicio -el Mierdid de Botella es un ejemplo- pero sí los beneficios de las élites asociadas (los políticos facilitadores suelen acabar como dirigentes de las empresas elegidas). Si bien esta es una tendencia generalizada en el panliberalismo dominante, somos los europeos que más hemos avanzado en desigualdad; no es extraño con un sistema fiscal que descarga el peso en los trabajadores con nómina y exonera, a través de salidas camufladas, a los potentados. Tampoco es extraño, nuestra derecha es la única en Europa que alberga a la ultraderecha y la única que se identifica claramente con una rojigualda para muchos bajo sospecha (otra excepcionalidad).

No somos excepción en una mentalidad latina donde triunfa la mentira (el PP se fundamenta en ella: Prestige, 15M, programa incumplido), donde no se valora la excelencia profesional, sino la fidelidad perruna y la incompetencia con amigos. ¿Tiene salida este país con abundante talento y vitalismo creativo? Sí; que mandemos al infierno el legado de Franco –custodiado por la cruz más grande de Europa, otra excepción- y que cambie la mentalidad de los ciudadanos para mandar al infierno la otra herencia, el régimen señorial que nos carcome.


                                      Jaime Miñana.  Filósofo 


domingo, 6 de octubre de 2013

POR EL CAMBIO... DE RÉGIMEN



España está enferma. Los "bunkerizados" partidarios del régimen de la Transición no se han enterado, o no se quieren enterar, y aplican cataplasmas a un enfermo terminal. La Constitución está muerta y su máximo garante -el presidente criptopepero del Tribunal Constitucional- totalmente desautorizado. El tancredismo y el miope partidismo cortoplacista de Rajoy han llevado las instituciones al descrédito o al marasmo, que no sabemos qué es peor. El Gobierno huele a muerto, el PSOE está en la agonía, UPD danza con oportunismo la yenka e IU se ve desbordada por una creciente ola de indignación social, lo mismo que la vetusta maquinaria sindical. El plan de los partidarios de este régimen comatoso es resistir (prima preservar sus privilegios), pero la realidad se les está echando encima. El fuego ha empezado en Cataluña. El órdago de una mayoría que no se siente española, azuzada por interesados virus nacionalistas, va en serio y ahora no es presentable recurrir al Ejército como garante de la "incuestionable unidad de España". ¿No se abrió el hermético melón constitucional para satisfacer a los MerKados, con k de Merkel?, por qué no volver a hacerlo para lograr un encaje de las nacionalidades históricas (los vascos están agazapados dejando ahora a los catalanes el trabajo sucio…). Los periféricos han encontrado un sueño al que amarrarse ante el naufragio del Estado español mientras los socialistas hacen gorgoritos federalistas y el Gobierno se enroca blindando una Carta Magna que se salta a la torera en la sostenida demolición de los derechos sociales, asesinando a Montesquieu y su división de poderes, despreciando al Parlamento o haciendo continua burla del respeto y transparencia democráticos. ¿Pero quién puede creer a estos políticos de la derecha que han sostenido -presuntamente, claro- una mafia lucrativa en connivencia con los poderes económicos para saquear impunemente los recursos del Estado? ¿Pretenden convencernos con letanías goebbelsianas amplificadas desde su vasto y paniaguado imperio mediático, o pretenden narcotizarnos con leyes de transparencia buenrrollista? La patética pantomima del Presidente-plasma y sus acólitos ha llegado a tal punto que estoy seguro de que hay muchos ciudadanos con un mínimo sentido crítico, además de los catalanes, que firmarían la "independencia virtual del Gobierno de Rajoy".

Pero no solo es culpa del jefe de Ejecutivo más incapaz de la Democracia (ZP dejó el listón-tontón muy alto); el diagnóstico cancerígeno tiene más calado: el régimen de la Transición se ha quedado obsoleto, superado en todos frentes. Nació de un pacto en el que las izquierdas renunciaron a sus legítimas demandas históricas, políticas y sociales para asegurar una democracia coronada por un heredero designado por Franco que preservaría el tablero dominante de las fuerzas fácticas de siempre. Se entiende la urgencia de aquellas circunstancias especiales, pero por eso mismo los problemas de fondo se acometieron a medias para satisfacer supuestamente a todos. Y de aquellas "comprensibles" medianías estos grandes sofocos. Los parches de entonces han devenido insalvables socavones ahora… Se cerró en falso el planificado genocidio de Franco (Paul Preston dixit y la Justicia argentina nos lo recuerda ante la reiterada obstrucción de los jueces españoles), se improvisó el "café para todos" de las autonomías que hoy no contenta ni a los crecientes jacobinos, nostálgicos del “una, grande, libre”, ni a los radicalizados nacionalistas periféricos; aprovechando la corriente de consenso, y para conjurar el caos, se instauró un sistema político que  fortalecía unos partidos que han devenido casi únicos actores con poder omnímodo a través de una clase senatorial conchabada con los superpoderes económico-financieros. Ciertamente nos dieron una democracia formal, nos sumergieron en el sueño de una Europa próspera que ahora Merkel ha vendido a los mercados y nos depararon un ansiado estado de bienestar que están desmontando con alevosía... La ciudadanía más consciente no se contenta con esas apariencias, desea un profundo replanteamiento en pos de mecanismos genuinamente democráticos del siglo XXI: resortes participativos en la era online, creíble transparencia, economía del bien común (Christian Felber), control de las oligarquías y superpoderes, respeto a las identidades nacionales, sexuales, religiosas y culturales, valores ecológicos y solidarios, educación y sanidad públicas de calidad, apuesta por la innovación y la cultura, etc. Por mucho que su retórica y su propaganda remitan a inminentes paraísos de prosperidad (siempre económica, lo demás qué más da), los dos grandes partidos no apuestan por ese cambio radical, discurriendo la praxis del actual gobierno en sentido contrario. La derecha en el poder es ideológicamente rancia, españolista y autoritaria, su praxis es corrupta, benefactora de sus oligarquías, opaca, manipuladora y mentirosa; su proyecto económico es enemigo de la industria cultural, caciquista, partidario de los pelotazos especulativos y del empresariado señorial antes que del cacareado emprendimiento; es depredadora del medio ambiente, católica al viejo uso (el Papa Francisco la ha puesto en evidencia), incompetente y moralmente deslegitimada. El Gobierno se aferra a cualquier síntoma de buen augurio macroeconómico que casi siempre se corrige al mes siguiente - exportaciones, empleo y pasará con la prima de riesgo-, pero la realidad es muy tozuda: la deuda se agiganta, el paro persiste, el consumo sigue estancado, la industria continúa desmantelándose y el crédito no fluye…; hemos salvado a los podridos bancos con nuestro dinero mientras se empobrecen las clases medias y trabajadoras, la generación de jóvenes mejor preparada de la historia hace cola en los aeropuertos, la marca España no vale un chavo (pregúntenselo al COI) y nadie se atreve a emprender porque no hay flujo dinerario ni confianza. Ante este estercolero el PSOE no se visualiza como alternativa creíble para unos ciudadanos que parecen estar demasiado a la expectativa, demasiado temerosos. Solo nos queda confiar en los hados. ¿Sacarán las acuciantes circunstancias de su privilegiado búnker al putrefacto establishment de la Transición? Entretanto sigue oliendo a cadáver nada exquisito.

                                      
                                        Jaime Miñana. Filósofo          






miércoles, 2 de octubre de 2013

EL AYUNTAMIENTO DE QUIJORNA (PP) ALBERGA ACTOS FASCISTAS


Colegio público de Qujorna (Madrid), 28 de septiembre de 2013


Mi amigo Javier, que vive en Quijorna (Madrid), me ha enviado esta carta para que la difunda desde este blog. Es la voz de un demócrata indignado contra una alcaldesa del PP que alberga, bajo paraguas institucional, guiños fascistas que van más allá del mentado mercadilllo, pues ha dedicado una plaza y una placa (colocada el 29.9.2013) a los "Caídos por Dios y por España" que intervinieron en las batallas entre españoles que tuvieron al pueblo como escenario (6 al 8 de julio de1937): https://www.youtube.com/watch?v=iP5fylmRn7c
No es tan extraño... En España toda la derecha está cobijada en el mismo paraguas...


Sra. Alcaldesa:
Soy un ciudadano habitante de Quijorna. Me ha parecido indignante que un Ayuntamiento formalmente democrático apadrine el último fin de semana de septiembre una muestra donde se airean los símbolos fascistas y nazis, ideologías que promovieron (junto a los totalitarismos comunistas) las mayores atrocidades y el sistemático atropello de los derechos humanos en las décadas centrales del atormentado siglo XX. Ustedes se excusan argumentando que era una muestra mercantil, pero el espacio de ambigüedad semántica, por la presencia preeminente de esta simbología totalitaria presidida por una pancarta que rezaba “¡Saludo a Franco! Arriba España”, es cuando menos muy inquietante. Ningún poder democrático debe permitir esas ambigüedades con los fangos más miserables de la Historia reciente… Pero es que, además, ustedes han cruzado la frontera de la ambigüedad erigiendo un monolito a los “Caídos por Dios y por España”, monumento promovido por un regimiento que luchó en un bando determinado; la citada unidad militar no defendía en absoluto los valores democráticos que establece la Constitución de 1978 bajo la que usted está gobernando como Primer Edil.
¿No dicen desde el PP que hay que olvidar esa terrible herida de la guerra fratricida de 1936? Pues bien, no se logra con actos sectarios como estos, citando solo a unos uniformados de un bando, proponiendo héroes a unos “defensores de Quijorna” en nombre de un fascismo que luego sufrimos con una dictadura atroz; ¿o es que los que defendían el gobierno legal y democrático de la República no eran españoles? Para ustedes parece que no y mucho menos héroes.
Como ciudadano que paga sus impuestos en Quijorna exijo una explicación sobre la financiación de este acto de exaltación militarista y fascista cuya memoria pretende perpetuarse con un monolito de exaltación fascista. Hiere mi sensibilidad de ciudadano demócrata y propongo su inmediata demolición, aunque solo sea en nombre de las numerosas asociaciones de la Memoria Histórica a las que haremos partícipes de esta tropelía. En modo alguno quiero que mis impuestos vayan a parar a estas miserables nostalgias que repugnan a cualquier demócrata; también exijo que se explique públicamente la posible financiación a ese mercadillo cuya calificación ética y su repugnancia política ya ha sido comentada ampliamente por la prensa libre.
En cualquier país de cultura democrática madura una alcaldesa como usted ya habría dimitido. ¿Se imagina a un Primer Edil de un pueblo cercano a Berlín alentando las simbologías y mercadeos nazis? A mí, como ciudadano demócrata, no me representa y le exijo la dimisión, por decencia moral y por incumplimiento de los valores de la Constitución, con la responsabilidad democrática que eso acarrea.
Atentamente
En Quijorna, a 1 de octubre de 2013 (funesto aniversario de la designación de Franco como Jefe supremo del ilegítimo bando sublevado en 1936 que quizá  los entusiastas asistentes del acto apadrinado por el Ayuntamiento de Quijorna hayan celebrado).

JAVIER HERNÁNDEZ RUIZ

  QUIJORNA (MADRID)



miércoles, 11 de septiembre de 2013

MADRID 2020 HA PUESTO EN EVIDENCIA LAS VERGÜENZAS DEL PP

Buenos Aires 7.9.2013. Madrid cae en la primera votación entre las tres candidatas a organizar los Juegos Olímpicos de 2020. La delegación española no daba crédito. No había plan B, pues la victoria se daba por segura. Tampoco TVE, confiada en prolongar los triunfales festejos hasta la madrugada, había previsto una alternativa, por lo que improvisó en la programación una obra maestra del cine casposo con sanchopanzesco título: Desde que amanece, apetece. Una muchedumbre, entusiasta al principio, regaba ahora con lágrimas la Puerta de Alcalá acordándose de las madres de los miembros del COI. La alcaldesa y Rajoy volvían en el avión presidencial con la cola de la gaviota entre las piernas y la mirada perdida en un relaxing café con leche... Botella había quebrado su futuro político y Rajoy había perdido la oportunidad de pasarnos por las narices otro triunfo internacional de su cacareada “marca España”.

El tetrafiasco olímpico ha puesto al descubierto las vergüenzas del partido en el poder. Su único plan de gobierno consiste en narcotizar a los cabreados y sufridos españoles a golpe de megaeventos deportivos y de ludomegaproyectos que nos traerán la Tierra Prometida del empleo a cascoporro con barra libre de putas, humo y tragaperras. Después de tanto tiempo y tantos desengaños, resulta que seguimos como en Bienvenido Mr. Marshall, esperando que nos caiga una limosnilla del COI o de un judío yanqui. Fiesta, pasodobles y choricillos fritos para el pueblo mientras los chorizos de siempre se lo llevan crudo. Esos son, de hecho, los principales perdedores de Madrid 2020, ese puñado de empresas ligadas al poder que ya no ejercerá su pactado vampirismo con capa de aros multicolores.



España no cambia. Nos pasó en la cresta del imperio donde no se ponía el sol que abrasaba al pueblo en la miseria, a los hidalgos famélicos y a los soldados destripados en desnortados campos de batalla. Nos pasó en 1898 cuando despertamos del último sueño imperial en medio de la oligarquía y caciquismo de la Restauración mientras se acallaban las voces honestas, como la de Joaquín Costa. Nos pasa en este largo fin de régimen bañado en esperpento y corrupción. Y siempre los mismos los perdedores; los ilustrados cercados por la superchería y el absolutismo, los liberales modernizadores del XIX fusilados en las playas, el republicanismo cívico del siglo XX masacrado por el “Muera la inteligencia”… Siempre las mismas víctimas: la ciencia, el progreso, la justicia, la igualdad, la verdadera democracia…

El batacazo bonaerense ha puesto en evidencia la falaz mitología de la derecha española: rigor, modernidad, eficiencia económica, marca España. Ni saben hablar (menos en inglés), ni argumentar con sólidas razones ni interpretar los designios de un sanedrín internacional. El fiasco olímpico ha revelado la prepotencia de los dirigentes españoles que se creen que todos son tan tontos como su pueblo, al que pueden engañar con un par de verónicas digitalizadas. Porque nuestra derecha es tan quijotesca que se empeña en hacernos creer que hay gigantes donde todos vemos molinos e insultarnos además por ese “error perceptivo”. Nuestra marrullera derecha, advocando a Goebbels, cree en el poder de las mentiras amplificadas como un interminable mantra por su gran espectro mediático. Pero en la era de Internet los españoles tienen otras fuentes y se han vuelto más críticos. Por eso casi nadie los cree, por eso cada vez es más patética su pretensión por convencernos de sus falacias en nombre de su sacrosanto derecho a ostentar el poder y saquear los recursos del Estado. Porque, más allá, de tanto atuendo mediático el Rey está desnudo y hemos visto sus vergüenzas: que basan su programa económico en los pelotazos, que su única estrategia es beneficiar a la élite económica amiga que a su vez les beneficia, que no apoyan realmente a las PYMES ni a los emprendedores ni a la clase media, que son unos incompetentes (miren al Gobierno de Rajoy), que no están preparados para una sociedad globalizada y compleja, que son nacionalistas españoles excluyentes y no entienden la complejidad identitaria ibérica, que están desmontando el Estado de bienestar para beneficiar a unos pocos, que no creen en la democracia –gobiernan con un programa distinto al que presentaron, desprecian el parlamento, mienten sistemáticamente a la ciudadanía-, que su partido es, “presuntamente”, una máquina para repartir dinero entre sus dirigentes principales…

La línea ilustrada y modernizadora siempre queda aparcada. ¿Por qué en lugar de mover espantajos efímeros nuestros responsables polìticos no nos ilusionan con el impulso de la ciencia y la tecnología punteras, en inversiones para promover las energías renovables, la educación de calidad, la creatividad y la cultura que generan valor añadido, en el bienestar de los ciudadanos, etc. Quizá porque eso no es rentable a cuatro años, quizá porque eso no da dividendos a su Cosa Nostra. Esta castastrófica sintomatología es también la de la quiebra del régimen de la Transición, sostenido por otro partido que ha participado de muchos de los mecanismos viciados del sistema. Por eso la solución es el cambio de régimen, el borrón y cuenta nueva para recuperar una genuina democracia. ¿Cómo se hace? Los ciudadanos tienen la palabra.


miércoles, 14 de agosto de 2013

EL PAÍS DE LA AMNESIA

     Álvarez Cascos y Arenas en al Audiencia Nacional


España es un país sin memoria. Ni las leyes de Memoria Histórica funcionan ni las dejan funcionar. La democracia postfranquista se cimentó sobre la amnesia del franquismo sangriento y corrupto por políticos a los que les interesaba olvidar y por otros que sacrificaron los recuerdos en aras de la recuperación de la voluntad del pueblo. Desde entonces imperó el olvido. Se olvidó que Juan Carlos I era el cachorro de Franco, se olvidó que AP era el franquismo camuflado, el PSOE desmemorió sus siglas, su tradición, su marxismo originario, el PCE su republicanismo... El régimen de la Transición es el régimen de la desmemoria.

Nuestros políticos, por tanto, han fundamentado su actuación en el olvido y su pariente, la mentira. Rara vez asumen responsabilidades políticas, encomendándose a una responsabilidad penal que se diluye en un sistema judicial controlado por ellos mismos.En esta democracia eternamente transitiva los delitos de políticos y financieros se olvidan fácilmente mientras cualquier hurto es penado con saña.También se pierde la memoria a la hora de poner en práctica los programas electorales, llegando incluso Rajoy a invertir totalmente sus dictados tergiversando los mecanismos de la democracia... 

En un país donde la corrupción se olvida sistemáticamente e incluso se refrenda en las urnas (miren a Valencia), no es de extrañar que los secretarios generales del PP no recuerden nada en sede judicial; ni que, en sede parlamentaria, el Presidente del Gobierno tenga memoria de sus tratos con un amiguito a quien enviaba animosos SMS. España es un país desmemoriado donde hasta las palabras han perdido su carga semántica. Son meros balbuceos, alaridos o fatuos fuegos fáticos. España es un silencio de ruidos. España es un exabrupto amnésico. Despreciada la vía de las responsabilidades políticas, manipulada la vía judicial, la única esperanza es que la ciudadanía esta vez no pierda la memoria y pase factura en el único canal -manipulado por D'Hont- que nos conceden para luchar contra el olvido: las urnas.

martes, 30 de julio de 2013

UTOPÍA

                             Capitanes de abril (María de Medeiros, 2000)


     La madrugada de San Fermín me asaltó un sueño extraño. Quizá azuzado por los últimos acontecimientos de Egipto, por el derrumbe de la vida púbica española, puede que abducido por las noches de canícula… No sé si a modo de terapia, me permito compartirlo con ustedes. Era en color, con banda sonora y escenas muy vívidas. En fin, una peli que cautivó mi atención por un tiempo que no sabría definir pero que se desarrollaba en el verano del 2014. Me desperté temprano –en el sueño- y puse la radio en una emisora que en vigilia había decidido vetar: RNE-1 emitía música pop española de los ochenta y no había noticias. Intenté cambiar de dial sin éxito…; de nuevo en la radio pública  el boletín de las ocho informaba que el país estaba bajo control de un directorio militar integrado por algunos coroneles y capitanes de mediana edad (eso explicaba el remix de pop ochentero). Recurrí a Internet, a las redes sociales… y me topé con el gran apagón. En TVE, única cadena activa, aparecía en esos momentos el portavoz del directorio, sin banderas ni retrato del Rey, tras un fondo de una atinada imagen de satélite de la Península Ibérica. Era un joven coronel de semblante relajado, de convincentes habilidades comunicativas. Comentó que la Operación Dignidad se había producido in extremis para poder “recuperar el impulso ético  de un país mancillado por los políticos, la corrupción e intereses espurios….”. Pidió excusas por la momentánea suspensión de algunas garantías democráticas (obvió la palabra “constitucionales”), insistiendo en que esto era transitorio y por razones estratégicas, pero que precisamente esta excepcionalidad lo que buscaba era recuperar la genuina democracia. Nunca tuve simpatías por los militares y mucho menos por sus incursiones políticas en este país, que tradicionalmente han sido para machacar al pueblo, pero esta vez me sorprendió mi empatía con lo que transmitía ese uniformado… Se despidió con una sonrisa indicando que a mediodía habría una rueda de prensa abierta a todos los medios en el Congreso de los Diputados.

          La situación en el país del sueño se había deteriorado gravemente. La economía no remontaba, la deuda y el paro disparados pendían cual espada de Damocles en contraste con otros indicadores económicos en catalepsia. Todo eran recortes, despidos y mermas en derechos de los trabajadores sin que fluyeran los capitales para reanimar el motor productivo. Pero era mucho más preocupante la situación política, con una abierta guerra en el partido del gobierno a consecuencia de las continuas revelaciones de Bárcenas (propiciadas por la conspiración Aznar-Gallardón-Pedro J). El PSOE también había estallado en banderías tras la decisión de Rubalcaba de presentarse como candidato para “salvar la estabilidad”. Por no hablar del jaque a la Monarquía con Urdangarín en la cárcel y algunos magistrados -la judicatura, como la prensa, era mayoritariamente cipaya- cercando a su esposa y presunto cómplice. Todo ello agrandaba la indignación en la ciudadanía empezando a cuajar los discursos más radicales. Surgieron grupos abiertamente fascistas, aunque predominaban cívicas propuestas regeneradoras para acabar con el Régimen de la Transición, sinónimo ya de corrupción, desigualdad y privilegios. Pero lo que nadie se esperaba era la vuelta del terrorismo, no del etarra, sino de varios grupos que enseguida fueron tachados de “antisistema”, si bien irían ganándose la empatía ciudadana por sus acciones nunca letales contra bienes de banqueros, grandes empresarios, elite política y alto clero. El más activo fue el Frente 12 de octubre, que irrumpió celebrando el día de la Hispanidad con la voladura del chalé del Presidente de un banco. Aunque no hubo víctimas, la acción fue un shock para la clase política y financiera. Por vez primera ellos sentían “el miedo que habían socializado entre los ciudadanos con sus injustas medidas”, según rezaba el breve comunicado de los “terroristas” que pretendían luchar contra este “Estado cleptómano de cohecho”.

        Se celebró por fin la esperada rueda de prensa con el citado portavoz rodeado de un grupo de uniformados que no superaban el rango de coroneles. Tranquilos y sonrientes, anunciaron que el país recuperaría progresivamente la normalidad, que el Rey “estaba informado”, que Gobierno y Parlamento quedaban suspendidos para propiciar un proceso constituyente que garantizase reglas de juego auténticamente democráticas. Para ello se celebrarían unas elecciones en tres meses bajo un sistema proporcional justo, listas abiertas y el concurso de todas las agrupaciones políticas que cortapisas; solo se vetaría a los candidatos implicados en casos de corrupción (incluyendo el Presidente Rajoy y buena parte de la clase política). Durante dos largas horas los militares respondieron con soltura a todas las preguntas de los periodistas sin restricciones ni evasivas, poniendo sobre el tapete un programa reformista que venían defendiendo las plataformas ciudadanas avanzadas. Los “coroneles bonitos”, como se les empezó a llamar, justificaban su recurso a la fuerza para neutralizar las “maniobras de los poderes oligárquicos”. No se equivocaban, las andanadas llegaron desde la Comisión Europea, el FMI, el Banco Central Europeo… Angela Merkel salió a la palestra para “exigir” la vuelta a la normalidad democrática sumándosele otros corifeos europeos mientras Estados Unidos callaba… Se sucedieron presiones muy fuertes desde instancias económicas y del “viejo régimen”, pero paralelamente grupos de ciudadanos activos neutralizaban esa ofensiva en el ciberespacio o presencialmente, blindando lugares estratégicos para la “causa del pueblo” coordinados con los “golpistas”, quienes nunca imaginaron un escenario tan propicio. Las presiones internacionales se reavivaron tras la noticia de que en Lisboa se había perpetrado otro golpe de mano de “los nuevos capitanes de abril” en sintonía con los hermanos ibéricos. Igualmente en Atenas estalló la rebelión, esta vez sin militares, y la plaza Sintagma se desbordó exigiendo el final de la dictadura de la troika. En ese momento me desperté con una extraña sensación. Pensé que todo era un despropósito, que el Ejército no era del 15-M, que los ciudadanos se resignaban impotentes, que la impostura democrática y la corrupción seguían allí supervisadas por las oligarquías financieras… Eran las ocho, encendí el televisor y me topé con el primer encierro de los sanfermines. Todo seguía igual. O no.


         Jaime Miñana.  Filósofo  (@jaimeminana)
           

domingo, 16 de junio de 2013

SIMULACRO Y MENTIRA; MIREN ALREDEDOR


Los pensadores posmodernos nos despertaron del sueño de los grandes relatos. El marxismo, el liberalismo, el psicoanálisis, el cristianismo no eran ya ideologías capaces de explicar la complejidad del mundo, sino meros relatos. Foucault advirtió que detrás de esos relatos estaba el Poder y Baudrillard puso al descubierto sus coartadas de simulacro. Esto no es teoría, miren alrededor y comprobarán hasta qué punto el simulacro nos afecta en la vida cotidiana… El capitalismo está fundamentado en el engaño sistemático de “medias verdades” u deliberadas ocultaciones: es la inevitable estrategia para vender a toda costa. Pero, al menos, en el capitalismo clásico la mentira tenía reglas; actualmente la voracidad de los poderes financieros ha quebrado casi todas las costuras del pacto de confianza y buen hacer. Al mismo tiempo como el nivel de información de los ciudadanos se ha incrementado, merced a la educación generalizada, a Internet y a las redes sociales, al establishment político-financiero no le queda otra que agudizar y refinar sus pantallas y espejismos.

En España esta estrategia mendaz, orquestada por el gobierno de la derecha, llega a cotas esperpénticas. Quizá porque Rajoy y los suyos piensan que viven en ese país valleinclanesco de incultos ganapanes a los que se les puede manipular tomando la radiotelevisión estatal. Así pues, las órdenes provenientes de la santa alianza germana (banqueros y gobierno de Merkel), amplificadas por los organismos títeres de la Unión europea, tienen una traducción ibérica tan absurda e inconsistente que a menudo ponen a los endebles actores de Moncloa y Génova al borde del ridículo. Cualquier ciudadano mínimamente crítico e informado puede desenmascarar esas burdas maniobras de enmascaramiento y sus frecuentes eufemismos... Eso explica la desafección de la gente –incluso entre sus votantes- que también afecta al principal partido opositor, al que hace tiempo que los electores de izquierda le están dando la espalda por impostor. 

Abundemos en esa operación de desenmascaramiento desgranando este rosario de cuentecitos de nuestros líderes... Se presenta el gobierno de Rajoy como legítimo. Nada que objetar en su acceso al poder refrendado por el voto ciudadano, pero al cambiar su programa en 180º sin previa consulta está ya deslegitimado por pervertir los fundamentos de la democracia. El partido que lo apoya se presenta como popular, debiera nominarse populista; se dice al servicio de las clases medias, cuando en realidad gobierna beneficiando a una oligarquía financiera de la que reciben prebendas (el caso Gürtel/Bárcenas lo está demostrando). Se presentan como reformistas y lo único que pretenden es remendar un sistema agonizante para mantener sus privilegios y los de sus aliados económicos. Las supuestas reformas en sanidad y educación están poniendo de relieve quiénes son los verdaderos aprovechados de la almoneda más allá de las cínicas excusas “técnicas”. El Gobierno PP reforma para asegurar el futuro de los suyos y para acaparar más poder y controlar mejor. Retoca el estatuto de RTVE para manipularla a placer, manipula el Tribunal Constitucional justo cuando muchas de polémicas leyes van a llegar a ese órgano; y algo parecido ocurre con una Justicia encarecida, amordazada, donde los potentados pueden evitar la cárcel con fianzas y pirotecnia legal. En las “reformas estructurales” les basta a los Rajoy’s boys con seguir las órdenes de la troika, claramente alineadas con la megaestrategia globalizada del neoliberalismo: basta de que las clases medias y trabajadoras tengan tantos beneficios públicos, ya no es necesario porque no hay amenaza comunista en un mundo donde impera la ley del mercado y de la desigualdad. Por eso el gobierno ha reflotado a la banca con dinero público, por ello la apoya en su injusta política hipotecaria y no la obliga a hacer fluir créditos a las empresas -los ICO están quedando inutilizados-, ni siquiera a las entidades nacionalizadas (¡!). Así pues, el apoyo a emprendedores o a PYMES es otro mantra hueco de un partido que no tiene nada de liberal y mucho de señorial (al servicio de las oligarquías citadas) y conservador (del orden injusto que favorece a los de siempre). Tras el fiasco de la amnistía fiscal, donde ha mostrado su verdadera faz, el ejecutivo amaga con una reforma que, ténganlo por seguro, no equilibrará uno de los sistemas fiscales más desiguales de Europa, en el que la recaudación, baja en porcentaje, se sustenta en los pechadores con nómina y en las PYMES (las grandes tienen vías de escape “legales”). El PPreformismo saca pecho con la ley de transparencia que queda ya deslegitimada desde el momento en que las instancias fiscalizadoras las nombra el propio ejecutivo. Y el Tribunal de Cuentas ni tocarlo –seguirá empleando 5 años en auditar contabilidades cuyos potenciales delitos expiran a los 4-, tampoco tocarán el senado o los privilegios de diputaciones y demás mamandurrias, ni el oligopolio de operadores petroleros, eléctricas o industria militar. Allí no llega el reformismo. En lo que no miente el PP es en proclamarse heredero de la Transición y de la Constitución (Aznar es su cancerbero), que han deparado un régimen oligárquico, de democracia restringida y secuestrada, ahora superado por las demandas de los ciudadanos, al igual que la propia Monarquía. Entre tanto un plañidero PSOE se hunde tras haber realizado una política “socialdemócrata” no muy diferente en lo sustancial a lo aquí criticado (parece que la ciudadanía tampoco cree en sus lágrimas de cocodrilo ni creo que cuaje su interesada manita a Rajoy para salvar las ruinas). En este río revuelto Aznar se erige en Cid salvador y UPyD proclama el fin del bipartidismo trinchante y la renovación magenta liderada por una política que lleva en el sistema 30 años: ¿no querrá solo lavarle la cara para apuntalarlo y seguir allí? 

El simulacro se acrecienta a través de unos media paniguados, casi todos en manos de la derecha social y con un reducto “progre” que no cuestiona el sistema y mantiene la lógica señorial en su seno (en PRISA son abismales las diferencias salariales entre sus estrellas y staff financiero con los diezmados trabajadores). Menos mal que Wyoming y Jodi Évole siguen siendo rentables… 



                                                 Jaime Miñana, filósofo   
                                                            http://ruinasdelnaufragio.blogspot.com/     @jaimeminana


                                              



domingo, 2 de junio de 2013

LA DIGNIDAD ESTÁ EN EL MARGEN, TAMBIÉN EL FUTURO

Hemos llegado a tal grado de indignidad pública que los ciudadanos dignos están en el margen del sistema. Los políticos que no han querido pringarse de la gran pomada, los profesores universitarios que se han resistido a la endogamia reinante (los menos), los jueces y periodistas independientes, los empresarios realmente emprendedores, los que pudieron llevárselo crudo y han optado por la decencia.... Muy pocos, escasísimos, auténticos héroes de una ciudadanía proba donde edificar un genuino futuro democrático. España es un estercolero; y de la misma manera que una sociedad cobarde aguantó la losa del franquismo durante cuarenta años ahora hemos convivido con esta estafa transitiva hasta que el chiringuito está amenazando ruina y empiezan a huir las ratas. 

Por eso, como en aquella oscura época, son las gentes del margen las que apuntan al futuro, los que tienen la  necesaria credibilidad moral. Por eso este cataclismo no se resuelve con parches y cataplasmas, sino con borrón y cuenta nueva. Necesitamos que los del margen pasen a ser epicentro para recargarlo de decencia democrática y ética.

                            Diogenes buscaba a hombres auténticos....

sábado, 25 de mayo de 2013

REFORMAR EL SISTEMA PARA APUNTALARLO (UPyD)




Rosa Díez proclama en una entrevista en El País  el fin del bipartidismo y erige a su partido en una alternativa regeneradora. UPyD se entiende en el marco de las maniobras del Régimen de la Transición para evitar su debacle. No cuestiona la monarquía parlamentaria, no condena el franquismo y pretende iniciar una serie de reformas que apuntalen el sistema dentro del predio constitucional. UPyD tiene una cara razonable, la que presenta su lideresa en la citada entrevista y otra más visceral que exhiben de vez en cuando para sintonizar con los centralistas, cabreados con los grandes partidos y demás. Pero Rosa es uno de ellos, una profesional de la política que lleva en ella más de treinta años. Ahora ha lanzado el magenta, que está entre el rojo PSOE y el azul PP, pero en el fondo comparte la misma gama cromática ya desahuciada. Y es que UPyD propone un lavado de cara y a seguir como siempre. Y esta crisis ha demostrado una cosa, que el sistema está podrido y hay que empezar a construir otro autenticamente democrático desde los cimientos. En esa tarea sobran los oportunistas.

miércoles, 10 de abril de 2013

SAMPEDRO Y MARGARET THATCHER DESAPARECEN EL MISMO DÍA: DOS ICONOS ENFRENTADOS

              


Qué curioso, en el mismo día se van del mundo dos seres diametralmente opuestos en sus roles. Ha sido en abril, el mes en el que murió Cervantes, Shakespeare y tantos grandes... Margaret Thatcher era la Sibila Mayor del neoliberalismo que ha ocasionado la crisis profunda que nos ahoga, José Luis Sampedro, era un sabio reconvertido al humanismo desde esa disciplina económica que, según él, se había puesto al servicio de los potentados. A simple vista, la doctrina de la inglesa parece estar ganando, pero a la larga estoy convencido de que el tiempo dará la razón al español. Los tres jinetes del Apocalipsis freemarket han hecho mutis por el foro estigio: Reagan, Juan Pablo II y la Dama de Hierro. Mientras los anglosajones procuraban el rearme moral del capitalismo, venciendo sobre sus enemigos (los comunistas y las díscolas dictaduras latinas), el histrión polaco rearmaba a la Iglesia Católica en la línea de una Cristiandad reaccionaria que quería desvincularse de los avances del Concilio Vaticano II. En ello se empleó a fondo, doctrinal y disciplinariamente el entonces responsable del Santo Oficio, ni manos ni menos que el cardenal Ratzinger, quien le escribía los papeles a Wojtila. Así derribaron a la vez el muro de Berlín y los puentes de una Iglesia que quería conectarse con el mundo, como soñara Juan XXIII. El resultado es que ha desaparecido ese frío statu quo bipolar para dar paso a otro multipolar pero con unos msmos ganadores siempre: los ricos y los poderosos. El mutis de Margaret Thacher ha sido recibido con júbilo por mineros galeses y progresistas británicos mientras la derecha lo lamenta, porque sigue admirando ese talante férreo, ese ultraliberalismo autoritario que ahora echan de menos hasta en Angela Merkel. Pero la alemana ha logrado trasladar a la Unión Europea el desideratum de esa dama inglesa que quiso convertirnos a todos en pequeños capitalistas al tiempo que adelgazaba el Estado al máximo. Angela ha ido más allá, nos está convirtiendo a todos en esclavos de la maquinaria capitalista: menos sueldos, más horas laborales, más años trabajando, menos servicios sociales... Si la Thacher declaró la guerra al Estado para salvaguardar el individuo en medio de la jungla social spengleriana, la canciller germana está aniquilando también el individuo con derechos sociales. Esta dama debe ser de acero.

En medio de este calculado desmontaje la voz de José Luis Sampedro era una nota discordante en el rebaño de economistas paniaguados al servicio del contubernio neoliberal. Un hombre tranquilo, un craneo amueblado, un espíritu guiado por los valores humanistas europeos. El mundo se construye desde los valores y el escritor denunció que los pilares en los que se sustenta el actual edifico son injustos, insolidarios y miserables. Denunció sobre todo que nos lo quisieran como inevitables y verdaderos... El luchó en su dorada vejez contra esa intoxicación y paseó su bella indignación hasta su último mutis.

domingo, 24 de marzo de 2013

VALORES HUMANISTAS EUROPEOS PARA SUPERAR LA CRISIS


Tiempos de crisis, tiempos de cambio. Todo está en crisis porque todo está mutación: la Unión Europea, el régimen de la Transición, el Vaticano, el orden mundial, la universidad, la judicatura, la función del Ejército y de la policía, los sindicatos, los medios de comunicación, los productos culturales, los modelos de negocio, el papel de los ciudadanos, etc. Nos vamos a detener en esto último, porque aquí es donde apunta la esperanza en medio de un panorama apocalíptico, en pleno derrumbe de viejas estructuras. Las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) están revolucionando el comportamiento del homo sapiens de los albores del XXI y sus universos simbólicos. Se está promoviendo una mayor conexión rizomática en múltiples redes de los usuarios informatizados, desplegando de esta forma una inteligencia colectiva que afecta a todos los órdenes. Y también al político, como demuestran movimientos como el 15 M, las iniciativas ciudadanas en Internet y redes sociales, etc.  Internet y su expansión en las RSS permiten  así mismo la presencia de otras plataformas de información que escapan a los grandes grupos mediáticos, empeñados en dar sus versiones interesadas de la actualidad. Por decirlo de manera más gráfica, hoy día no es fundamental lo que diga El País, la Cope o Antena 3 sobre tal o cual cuestión de actualidad. Son síntomas de un despertar de la ciudadanía que aquí había estado narcotizada por los partidos políticos, convertidos en únicos órganos de canalización de las iniciativas sociopolíticas, en connivencia con los sindicatos y organizaciones empresariales. Las nuevas generaciones son en general más críticas, más independientes, más exigentes, mejor informadas, más preparadas y por eso es especialmente sangrante su situación de paro y exclusión social, todo un polvorín para el futuro.
Ante este nueva ciudadanía más interactiva y exigente las maquinarias sociales y políticas o se actualizan o quedarán obsoletas, como ya se está apreciando. De ahí los crujidos de muchas de nuestras instituciones o el desprestigio de la clase política y de otros sectores que ponen de manifiesto las sucesivas encuestas. En esta catarsis se ven involucradas también las instituciones europeas, regidas por una mediocracia al servicio de la todopoderosa Alemania y sus intereses financieros. El fiasco chipriota es una prueba más de la incompetencia de la UE, que ha traspasado un rubicón impensable hasta ahora: conculcar las garantías y derechos  básicos de sus ciudadanos. ¿Para qué sirve Europa si ya no defiende los ideales sobre los que fue fundada? Ese ideario europeo, cimentado en los derechos garantistas y en el Estado de Bienestar, está siendo arrinconado por la presión del capitalismo neoliberal, el productivismo asiático y la ramplonería del sentido práctico anglosajón. Europa ya no es el epicentro del mundo precisamente porque ha renunciado a esos ideales que movieron el mundo, aunque sea como referencia teórica o mítica. Y esta quiebra es, sin duda, la consecuencia más funesta de la crisis, porque una Europa sin su genuino impulso axiológico queda reducida a un parque temático, un recinto arqueológico con una población envejecida. A algo así nos está condenando nuestro gobierno con su empeño en no invertir en I+D+I+I, su impasibilidad ante el exilio forzado de jóvenes talentos o su insensibilidad para entender el rol destacado de la industria cultural y de las tecnologías avanzadas. En definitiva, con su empecinamiento en cerrar los ojos a los retos del futuro con el único horizonte de salvaguardar su presente: su chiringuito, los intereses de sus amigos, su partido…
A esta Europa en proceso de naufragio solo la pueden rescatar unos ciudadanos activos que promuevan un tejido social dinámico. Una ciudadanía que recobre los valores de un nuevo humanismo eficiente y en sinergia con los desafíos tecnológicos del presente. Si los europeos no nos apropiamos de ese espacio de valores, será ocupado por otras instancias con objetivos nada filantrópicos, incluso por la serpiente venenosa del fascismo o los lobos populistas con piel de cordero. En nuestra península necesitamos urgentemente acogernos a esa renovación de valores. Abandonar la avaricia de nuevos ricos, el absentismo ciudadano (no involucrarse en el tejido social), incentivar el espíritu crítico y atacar esos vicios mediterráneos que lastran nuestra eficiencia como sociedad. Me estoy refiriendo al inmovilismo –consecuencia del localismo o el nacionalismo-, pero sobre todo a la endogamia y el clientelismo, herencia romana que se impone por encima del meritoriaje, la competencia, la eficiencia y la excelencia, un cuarteto de valores fundamentales para construir una sociedad equitativa y dinámica. Aunque hay ejemplos esperanzadores en otro sentido, buena parte de nuestro tejido empresarial o de la función pública se basa en todos esos antivalores mencionados. Son la cruz de una moneda que tiene como cara el tejido familiar y los círculos amistosos, tan queridos por los mediterráneos y tan positivos en muchos aspectos. De hecho, la crisis actual sería insostenible sin esas redes “endogámicas” que permiten sobrevivir a muchos ciudadanos desahuciados de su casa o de su trabajo. Pero la dimensión negativa de ese proceder latino coarta la sana movilidad de nuestro tejido social, lastrado por esas derivas endogámicas que se superponen a una lógica estamental que ha cristalizado en regímenes señoriales y vasallajes varios. El resultado es que en nuestras instituciones no son lideradas por los mejores, sino por los mejor situados en las derivas advenedizas (listillos, arribistas, tiralevitas, turiferarios); y eso es especialmente en ámbitos formativos y propulsores como la universidad. Así pues, nuestra esclerótica sociedad expulsa a elementos valiosos y preparados… Del Vente a Alemania Pepe del desarrollismo franquista a los jóvenes emigrantes universitarios de hoy las cosas no parecen haber cambiado tanto como nos habíamos creído; lo cual demuestra que las supuestas transformaciones del régimen de la Transición han sido más epidérmicas que reales. Las fuerzas fácticas de siempre, en connivencia con la nueva clase senatorial, siguen apostando por una lógica extractiva y no por medidas que incentiven una economía productiva a medio y largo plazo. Quizá tampoco eso le interese a Alemania, quizá por eso nos encaminamos a ser esa retaguardia europea de servicios, veraneo y retiro de tercera edad. ¿Se puede dar un viraje a ese inquietante destino y a la agonía de Europa ? Depende de los ciudadanos y de los valores renovados que seamos capaces de asumir.

martes, 19 de marzo de 2013

EN CHIPRE LA UE SE HA QUITADO LA CARETA

Bruselas se ha quitado la careta, con el minúsculo Chipre ha aplicado la poltíca que realmente quisiera ejecutar en todos los sitios: que paguen los ciudadanos los platos rotos de la crisis que han creado los mastines financieros; sí lo bancos, que son precisamente los pirncipales beneficiarios. Con España o Italia, no se atrevieron a tanto, pero en la pequeña isla mediterránea han cruzado el rubicón pisoteando una de las garantías ciudadanas hasta ahora intocable, el derecho a los depósitos bancarios (ahorros). La Unión Europea permitió que Chipre se conviritiera en un cuasi paraíso fiscal para mayor gloria de los inversores rusos y ahora decide que sus ciudadanos apechuguen con todo el desastre. Qué Europa es esta que prioriza los bancos sobre los ciudadanos... Ante las protestas la troika hace amago de una "quita", pero esa palabra se refiere a la condonación parcial de una deuda y lo que realmente promueven los eurócratas en Chipre es un asalto a los depósitos de los ciudadanos, un corralito, una estafa. No es extraño que, atropellado derecho tan fundamental, los ciudadanos europeos nos preguntemos, ¿quién será el siguiente?



En España estamos tranquilos, nuestro Gobierno insiste en ello, porque lo nuestro no tiene nada que ver con eso. Solo aparentemente, porque también nosotros estamos pagando la factura de nuestro particular, enorme desaguisado financiero. ¿De dónde creen que salen los fondos para arreglar los agujeros de Bankia y demás ralea? Según las estadísticas a cada español le costará más de 6000 euros este aventurerismo financiero.

En medio de este pequeño apocalipsis los últimos acontecimientos ponen en evidencia otro aspecto inquietante: unos líderes europeos sin norte ni programa. El sábado querían que pagaran todos los ahorradores chipriotas, tras las protestas del domingo se exime a los más humildes... Más allá de la sabia rectificación está el errático comportamiento de unas instituciones europeas que ya no saben cuál es su cometido. A los sufridos españoles, inmersos en nuestro régimen señorial ibérico antes nos quedaba el consuelo de Europa, ahora casi la tememos más que a nuestros vampiros particulares.

domingo, 17 de febrero de 2013

EL ORDEN SEÑORIAL PERVIVE ENTRE NOSOTROS



En la serie de TVE Isabel la Reina Católica es presentada como una heroína que pone orden en medio del caos suscitado por el pusilánime Enrique IV, dominado por los intereses señoriales, en los que también ella se tiene que apoyar para defender su ascenso al trono. Ese relato de “redentor del caos” se lo volvería a apropiar Juan Carlos I tras el 23-F. Efectivamente los Reyes Católicos, como el actual Borbón, pusieron algo de concierto si bien manteniendo, incluso impulsando, ese orden señorial sostenido por Carlos I -en detrimento de la Castilla democrática de los comuneros- y refrendado por Felipe II y sus sucesores. La Corona española, de hecho, se convirtió en la cancerbera del orden señorial en Europa y dominios de ultramar, donde han asumido ese paradigma corregido y aumentado. Pero no estamos ante rancia historiografía o ficción televisiva, sino ante una cuestión muy actual: ¿hasta qué punto pervive hoy esa deriva señorial en las tierras ibéricas?

Una mirada crítica a la Historia revela que ese aristocrático statu quo ha ido mutándose en una sucesión de oligarquías –terratenientes, industriales, financieras, políticas- para mantener sus esencias dominadoras. La última versión: la alianza entre los potentados financieros y los políticos, sostén del régimen continuista parido en la Transición. La sintomatología de esta “entente cordiale” es profusa: financiación de los agujeros bancarios, desahucios, amnistía fiscal para evasores de altos vuelos, indultos para delitos financieros que, por otra parte, están escasamente punidos en el código penal, etc. La estrategia dominante de estas élites siempre se ha sustentado en su capacidad extractiva; otrora eran las pechas, tasas y servidumbres para los súbditos, hogaño son los impuestos y recortes de los asalariados. Siempre lo mismo: quitárselo al pueblo para beneficio de una privilegiada minoría. El régimen constitucional de 1978 garantizaba la continuidad del dominio de las fuerzas fácticas franquistas a cambio de acelerar el proceso de expansión de la clase media iniciado en el desarrollismo, ampliando los derechos ciudadanos y sociales que conformaron un apañado Estado de Bienestar. Hoy no salen las cuentas y los que mandan (las fuerzas alineadas en la coartada neoliberal dominante) han decido que esto ya no es viable. Y han sacado el hacha disfrazando sus mandobles de sibilinos eufemismos, canalizados y amplificados por grupos mediáticos controlados, en última instancia, por los bancos. Y estos controlan a su vez a los dos partidos hegemónicos, por lo que es inviable una renovación democrática en ese hipotecado corralito del PPOE.

Los beneficiados por este nuevo régimen señorial con apariencia de democracia constitucionalista se aferran a sus privilegios, que han alcanzado más por fidelidad a siglas y círculos endogámicos que por excelencia y méritos. La estrategia es colocar a los fieles colonizando todos los ámbitos posibles; de esta manera se pagan fidelidades, vasallajes, investiduras y clientelas varias. Y luego está la rapiña económica que ha ido cubriendo unas necesidades partidarias siempre por encima de lo que marca la ley. Los casos Naseiro, Filesa y ahora Gürtel (que incluye la pantomima de Bárcenas), son negros tentáculos de una misma hidra: la financiación ilegal de los partidos. Cuando se les coge in fraganti, como ahora al “clan de los genoveses”, niegan todo, activan su artillería mediática y a sus turiferarios para esparcir tóxica tinta de calamar: lo que estáis viendo no es cierto, es un montaje, un delirio o una “sabia rectificación”. No voy a perder ni una coma más en demostrar lo que cualquier ecuánime ciudadano está observando con esta última astracanada del PP. Por algo el esperpento nuestro género nacional, remozado ahora con tramas de Los soprano. El escalpelo valleinclanesco es la mejor terapia para exhumar la podredumbre y la mentira, porque la derecha española se sustenta en una gran impostura. Nos mintieron en el 15M (está probado), nos engañaron cuando se presentaron a las recientes elecciones y siguen toreándonos: si hasta han presentado a Arturo como el paladín de los empresarios emprendedores y liberales... (¡!). Gracias a su poderosa maquinaria propagandística siempre nos convencerán de que estamos ciegos o locos…, de que la mierda es oro molido. Pero no es solo cuestión de la derecha…, la Cultura de la Transición es una gran trola. Miente el Rey (sabía lo de su yerno y no lo denunció en su momento), perjuran Bárcenas y Urdangarín, engaña el gobierno, los jueces domesticados, los políticos cómplices (los más), los periodistas mamporreros (muchos) y hasta el apuntador. Así pues sobre la gran falacia del capitalismo (el sistema se fundamenta en el engaño: si lo enseñan en los grados de publicidad…), se superpone la mendacidad/mendicidad moral de nuestro entramado político. Corrupción y mentira, que van de la mano, son sistémicas en el ruedo ibérico, cuya “arena señorial” está erosionando nuestra formalista democracia de fachada regentada por las incombustibles minorías extractivas bajo la atenta mirada del megapoder financiero-político de Berlín.

Esta degradación moral, este cotidiano esperpento, esta profunda erosión de todos los pilares de nuestra pseudodemocracia al menos sirve para que radiografiemos su miseria, cada vez más evidente y patética… Las soluciones pasan inexorablemente por un desmontaje de esta nueva versión políticamente correcta de esa constante histórica que es el orden señorial ibérico. Llevarlo a cabo es harto difícil porque los grupos dominantes se han resistido de siempre a abandonar sus privilegios, pero al menos ahora los hemos desenmascarado y estamos esbozando una salida alternativa. Antes del 2008 nadie cuestionaba el timo del régimen de la Transición y a sus beneficiarios, siendo ahora un asunto que está en el orden del día. No es poco. Entre tanto dejemos que se pudran esos cimientos al tiempo que los ciudadanos mantenemos el nivel de crítica y exigencia. ¿Recuerdan la canción L’estaca de Lluis Llach? El franquismo no queda tan lejos…


lunes, 28 de enero de 2013

REGENERACIÓN ÉTICA PARA RECUPERAR LA DEMOCRACIA

España está al borde del colapso en el frente económico, pero también en el político. Las soluciones a esta tremenda crisis de origen financiero son principalmente políticas (los técnicos siempre sirven al establishment, como bien ha demostrado el caso italiano). Sin embargo nuestros políticos se empecinan en defender sus privilegios y a una cleptocracia cuyos desmanes se se van exhumando mientras la gente pierde empleos, derechos y nivel de vida. No es un problema de un partido (aunque el PP ahora se lleva la palma), es un cáncer sistémico. La clase política es responsable, pero también los ciudadanos: porque lo hemos permitido, porque en parte hemos sido cómplices por acción (votándolos) u omisión (mirando hacia otro lado). El colectivo de los políticos es una muestra de un tejido social ibérico que está corrompido hasta en las entretelas. Desde la Corona hasta los niveles bajos de la administración, pasando por jueces, banqueros, empresarios…, casi todos están ya bajo sospecha. Para atajar esta metástasis se requiere una regeneración en todos los ámbitos, un rearme ético en la gestión de la res publica y en las relaciones económico-sociales; y debe empezar por las instancias políticas... Pero, como bien se ha demostrado en la salida en falso del caso Gürtel/Bárcenas/financiación ilegal de los partidos, la pantomima y el malabarismo se imponen sobre una verdadera investigación para que afloren las miserias. ¿Alguien puede creer en una genuina voluntad esclarecedora de la sede de la calle Génova tal como se ha planteado? Este tipo de pseudocatarsis está más próxima a la astracanada o al esperpento, géneros muy ibéricos por cierto (¿por qué será?). Los ciudadanos empiezan a percibirlo así, pues recientes encuestas radiografían la desafección hacia nuestros gestores públicos y su peculiar proceder en un porcentaje creciente de ciudadanos indignados: ya no les creemos. Nuestra democracia está amenazada por la espada de Damocles de la desconfianza total que puede caer en cualquier momento con heridas imprevisibles…; y la casta política será la principal responsable, aunque también lo son unos ciudadanos que, no obstante, pueden redimirse activándose para salvar la criatura democrática tirando el agua sucia al sumidero de la Historia.
Las causas de este desastre son amplias y profundas. El régimen de la Transición se orquestó intentando evitar la endeblez, el caos y los desequilibrios de la II República y, con tal fin, se reforzó el poder de los partidos a través de las listas cerradas, las laminadoras mayorías, el control de los organismos, etc. Todo este blindaje se ha convertido en una maquinaria al servicio de un bipartidismo arrollador que ha colonizado todas las instancias del Estado asesinando el espíritu de Montesquieu (la división de poderes), así como cajas de ahorro y otras plataformas económicas y sociales. Surge así una perversa simbiosis de las élites económico-financieras con las políticas propiciando una dinámica extractiva y de complicidades mafiosas que nos ha llevado al actual desastre. Regenerar este tejido canceroso va a ser difícil, porque esa “entente simbiótica” es la principal interesada en mantener su dominio… Con tal fin recurrirán a malabarismos, falsas metamorfosis o calculados relevos de mascarones de proa para que las cosas se mantengan igual… La mentira sistemática ha sido su principal aliada y ahora que hemos descubierto que tiene las patas cortas, están en un nuevo tour de force de cinismo mediático (casi todos los medios de la derecha responden a consignas de Génova y la totalidad es dependiente de grandes grupos financieros).
La salida a este colapso pasa por el desmontaje de esta versión “posmoderna y formalmente democrática” de nuestro inveterado régimen señorial, la recuperación de una democracia real (no secuestrada como la de ahora) que haga viable la participación y el poder de los ciudadanos. Pero se impone también un profundo cambio ético y de mentalidad. El régimen de la Transición se ha ido asociando al enriquecimiento fácil, a una actitud dominante de nuevos ricos, sin escrúpulos; ese proceder ventajista ha contagiado a todos, desde la Corona hasta la base social, auspiciado por la citada élite financiero-política. Sorprende que durante el franquismo, frente a la moral hipócrita y rapiñadora de los dominadores nacional-católicos se fuera extendiendo en las clases medias y trabajadoras otra ética del sacrificio y el esfuerzo sobre la que se edificó el progreso desarrollista. Así pues, en una democracia que se precie debemos exigir una nueva ética del servidor público basada en el servicio y no en el provecho. Para que ello se haga efectivo hay que implementar una legislación de exigencias muy estrictas. Los cambios positivos y civilizados en este país de escasa tradición democrática han sido gracias a las leyes. Me comentaba un amigo argentino cómo cuando se asentó en Madrid en 1976 era de buen tono jactarse de defraudar a Hacienda, tendencia que cambió el ordenamiento jurídico antifraude, como ocurriría con la conducción temeraria, la violencia machista, el tabaquismo y tantos otros ejemplos. Pero para que esas leyes anticorrupción y a favor de la transparencia sean realidad me temo que tenemos que prescindir de la actual clase senatorial y sus cómplices económicos… Estamos, por tanto, en un círculo vicioso que solo puede romperse por catarsis o por paulatina putrefacción… O por la respuesta contundente de los ciudadanos. Está en juego nuestra democracia, que debe pasar de formal a real.

Jaime Miñana.  Filósofo  (@aimeminana)



EUROPA, BREVE CRÓNICA DE UN SUICIDIO A PLAZOS

Por su interés, profundidad y perspicacia reproduzco este texto de un amigo filósofo que aborda el tema de Europa, el marco económico, social y político en el que inexorablemente nos tenemos que mover.

Europa fue un sueño de la nueva democracia española, pero ¿era un sueño envenenado?






Por una vía u otra, Europa intenta desde hace tiempo una solución numérica, americana. Para más señas, estadounidense: estrellas y barras, aislar y federar. Aunque a las estrellas, claro está, la UE quiera darles un aspecto más humano, más circular que geométrico. No es casual que la idea de la Comunidad Europea brote del desastre de la Segunda Guerra y del auge de la Guerra Fría. Es decir, de una dirección norteamericana. “Todos somos berlineses”, dice Kennedy en 1963: Europa como barrera ante un imperio del Este que llega hasta Cuba.

Veamos. ¿Qué puede significar que el origen de Europa, Grecia, esté hoy en el punto de mira? Que el Sur está en el punto de mira, esto es, que lo está el Mediterráneo como sincretismo donde convergen muy distintas culturas y razas, creando el espacio común de una “cultura de los sentidos” (Weber). El sur piensa, vive y obra según la percepción, la presencia sensible. Según lo vivido, lo visto y oído: es esto lo que debe acabarse.
Ya sólo la estética que brota de esa ancestral cultura sensible no tiene nada que ver con la actual separación económica que insulariza a cada ser humano, separándolo de sus comunidades locales y de su entorno terrenal. La esencia de la economía no es económica; tampoco ideológica. El capitalismo laico es sobre todo una nueva religión triunfal, un integrismo de la separación. Cada hombre, un voto: cada minuto, una ocupación, un dígito, una imagen. Nos salva, bajo cualquier ideología, una cronología de la producción.
La vida real, local, debe ser recortada por la movilización total, como ya algunos visionarios avanzaron en los años 20. Ya solamente vivir, despreocupadamente, es hoy un pecado para la religión que vino del Norte, esta magia blanca de la economía. Ni siquiera Marx es ajeno a esta ofensiva puritana que debe acabar con la “pereza” y las alucinaciones del Sur, incluso en la misma Alemania.
Se trata de una operación de neutralización sin precedentes, pues debe conseguir que los individuos sepulten en lo privado sus sueños (sueños que, por esa misma clandestinidad, serán cada vez más patológicos). Se trata también de que los países del sur conviertan en turística su singularidad, sus paisajes, sus costumbres y sus vinos. De ahí la catatonia del actual ciudadano medio europeo, su bloomización, pues está exiliado de sus raíces in situ. La depresión y el suicidio son en Francia un “problema nacional”. Pero nos libra de otras variantes del trastorno bipolar el hecho de que, a diferencia de Texas, entre nosotros no circulen las armas. Así, la gente desaparece lentamente.

En tal mutilación anímica, se debe cercenar en nosotros todo lo que sea origen, una fatalidad natal de la que nuestra libertad debe despegar. Naturalmente, este integrismo tiene expresiones geográficas. Ni Irlanda ni Rusia, ni Inglaterra, ni Italia o España se salvarán de esta sospecha que debe recorrer los bordes asilvestrados del geométrico imperio que tiene su sede en Bonn. Aunque quizás el gran fantasma europeo sea África, ese “anti-piso muestra” recorrido por las matanzas, el terrorismo, el sida y las nuevas plagas bíblicas con las que nos ocupa el orden informativo que acompaña al político.

El colmo de las paradojas es que la cándida España se apunte entusiasmada a este dispositivo que debe clonarnos. Bien es cierto que nosotros tenemos un problema adicional que nunca han tenido Italia o Marruecos: fuera del folclore, odiamos nuestro ser, nos avergonzamos de nuestra diferencia (en tal sentido, una guerra civil larvada jamás terminará entre nosotros). De ahí la maravillosa frase, hace ya diez años, de un intelectual de la talla de Solana: “Por fin hemos dejado de ser españoles”.

De ahí que hayamos depositado nuestro destino en la burocracia de Bruselas, sin entender que cuando Europa es algo no degradante (tal vez para Francia y Alemania) lo es a partir de la soledad de cada nación, del ejercicio de fuerza que realiza. En este punto, la sabiduría inglesa siempre ha sido envidiable.

¿Resultado de la ilusión española? Una constelación de síndromes, todos ellos preocupantes. Primero, como decía Ortega hace casi cien años, abandonamos toda aventura exterior. La más importante de ellas, ese universo de quinientos millones de almas hispanas. Segundo, al perder el coraje para el exterior, crispamos el interior hasta el límite: duplicando la furia ideológica, los partidismos locales y regionales, las instancias administrativas, la burbuja turística e inmobiliaria, la casquería nacional del cotilleo... Frente a la simplicidad de lo primario (tierra, nación, esfuerzo, creatividad, industria) nos hemos refugiado en la burbuja de lo terciario y complejo. Burbuja intrínsecamente corrupta si le falta un suelo.

La corrupción está servida en un país donde medio mundo quiere medrar sin generar riqueza. Dicho sea con toda la prudencia, y otra vez al margen de las ideologías, es difícil no pensar el paro español también como un síntoma de nuestra pasividad, de nuestra heteronomía. Nuestro índice de paro crónico comenzó en cierto modo con un “paro anímico”. Funcionarios de nosotros mismos, dependemos siempre de otro, una entidad pública o privada que nos contrate.

Finalmente, en tercer lugar, la disgregación nacional. No entendimos que sin lo primario no se puede vivir, por eso, al reprimirlo, lo primario ha regresado en formas perversas. No entendimos tampoco que sin agricultura e industria, sin nación, cultura y creencias no se puede vivir. El último corolario de esto es que las culturas hispanas laboriosas y pegadas a la tierra, no sólo los vascos y los catalanes, se aferran a su propia versión de lo primario, que no odian. De ahí el consiguiente razonamiento, que nunca se hará expreso: si España renuncia a sí misma, a su unilateral tarea exterior, para disolverse en la economía europea, nosotros preferimos “insularizarnos” por nuestra cuenta, como nación que debe conservar sus características culturales y ejercer su fuerza en Europa. Catalanes y vascos han entendido mejor de qué manera implacable funciona Europa que el resto de los españoles.

No es un problema de ideología. Al menos para los países periféricos, Europa es la coordinación de la dispersión, la organización sonriente de la humillación “terciaria”. Es normal que Inglaterra se resista.

La bonanza económica, y un dinero europeo que siempre estuvo envenenado, han subvencionado nuestro desarraigo y deslocalización nacional. Nos ha endeudado con sonriente facilidad, tapando durante décadas el castillo de naipes del “milagro” español. Ahora que el espejismo del bienestar ha desaparecido, nos va a costar recuperarnos y despertar de este sueño de dependencia.


                            Ignacio Castro Rey. Madrid, 26 de enero de 2012